martes, 15 de enero de 2013

Algunas de las actividades.


1. Cuento de Las Meninas

Contamos el cuento mientras tenemos delante la imagen del cuadro, en gran tamaño, para conocer a sus personajes.

Duración: 15-20 minutos.

Hace muchos, muchos años, como trescientos años, existía un pintor muy importante llamado Velázquez. Diego de Silva y Velázquez. Vivía en Madrid, pero no en una casa cualquiera, sino en un palacio. ¿Sabéis por qué? Porque era el pintor del rey y de la reina, los que mandaban en toda España.

Los reyes se llamaban Felipe IV y Mariana, tenían una hija de cinco años ¡Como vosotros! Que se llamaba Margarita. Margarita era guapa, tenía el pelo largo, abundante y rubio. Llevaba un traje muy raro, largo hasta los pies, duro y ancho como una lámpara.

Los reyes querían tener un cuadro donde aparecieran ellos mismos, un retrato. Como entonces no existían las cámaras de fotos, decidieron que fuera Velázquez el que les hiciera el cuadro.

-“A sus órdenes Majestad. Ahora mismo me voy a mi taller a hacer vuestros retratos”- dijo Velázquez.

Y contento salió del salón del trono y se fue a su taller, que era la sala de los cuadros. Era una enorme habitación llena de cuadros por todas sus paredes. Cogió un gran lienzo que lo apoyó en un caballete, sus pinceles y su paleta y se dispuso a pintar:

-“Qué silencio, que bien se trabaja así”

Al fondo del taller había una puerta que estaba cerrada, pero alguien la abrió y empezaron a entrar muchas personas y a hacer mucho ruido.

-“Vaya, se acabó la paz y la tranquilidad”- pensó Velázquez.


Era la infanta Margarita que quería ver pintar a Velázquez. Le encantaba ver como echaba las pinturas en la paleta, como pringaba el pincel y como llenaba de pintura el lienzo.

-“Oh, estás dibujando las caras de mi papá y de mi mamá”- dijo Margarita.

Con ella venían dos meninas, Agustina e Isabel, que todo el día estaban pendientes de ella.

_”Tengo sed, dame agua”- dijo la infanta.

Rápidamente Agustina cogió del búcaro, lo llenó de agua, se arrodilló y se lo dio.

-“Así no se piden las cosas”- dijo una voz a su espalda. Era la guardadamas Marcela que todo el día vigilaba a Margarita.

-“Hay que decir, por favor, ¿me traes agua?”.

-“Tienes que aprender a comportarte como una gran princesa”- dijo Diego, el otro guardadamas de Margarita.

Pero Margarita no escuchaba ni a Marcela ni a Diego porque en ese momento miraba de reojo a alguien que entraba por la otra puerta del taller. Eran sus papás, los reyes, que también venían a ver cómo iba el retrato que estaba haciendo Velázquez. La menina Isabel vio a los reyes y como era muy educada hizo una reverencia.

-“guau, guau,…”

-“Pero ¿esto qué es? ¡Lo que me faltaba! También ha entrado un perro. Yo no puedo trabajar con tanto alboroto”- pensó Velázquez.

Era el perro preferido de Margarita; un mastín grande y manso que siempre estaba vigilando a su ama y, como estaba cansado y no veía ningún peligro para su ama, decidió tumbarse, no hacer más ruido y de paso intentar dormir un poco.

Eso era difícil porque Nicolasito Pertusato no paraba de darle patadas ni de molestarle. Nicolasito era un chico muy pequeño, de piernas finas y de larga melena que todo el día estaba haciendo travesuras ¿Sabéis por qué? Porque quería hacer reír a la princesa, para que no se aburriera y estuviera contenta todo el día. Nicolasito tenía una amiga llamada Maribárbola era enana, y aunque tenía muchos años no había crecido. Ella se dio cuenta de que acababan de entrar los reyes con lo que decidió estarse quieta y portarse bien para que no se enfadaran, pero Nicolasito no se estaba quieto.



Pero… ahora ¿Quién entra por la puerta? Era José, el aposentador del palacio. Su trabajo era estar pendiente de que las habitaciones y salones del palacio estuvieran ordenados, y de llevar las llaves de todas las puertas del palacio, se quedó en la puerta sorprendido de ver a los reyes en el taller de Velázquez.

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